Webhipotecas: Hipotecas baratas
10
mar

El tipo de interés de las hipotecas adscritas a las Viviendas de Protección Oficial (VPO) no viene determinado por el mercado, sino que es el Gobierno, con el acuerdo del Parlamento, el que lo fija en función de la coyuntura económica de cada momento, y esta semana hemos conocido que, por fin, baja el tipo de interés de las VPO, tras un retraso de un par de meses que ha penalizado a un número importante de familias.

Aún así, con esta bajada del tipo de interés de las VPO se han beneficiado más de 500.000 familias, ya que afecta a los planes de vivienda de protección desde el año 1996, concretamente un total de tres planes, el plan de 1996, el plan de 2002-2005 y el plan de 2005-2008.

El descenso del tipo de interés de las VPO ha dejado el porcentaje en el 2.5%, para el primer plan, y en el 2.57% para los otros dos, destacando, especialmente el de 1996 que desciende en 2.5 puntos porcentuales, puesto que se encontraba previamente en el 5%.

Este tipo de interés determinado ahora se ajusta más a la realidad del mercado, puesto que hasta ahora se encontraba excesivamente sobrevalorado, y supondrá un importante alivio para las familias propietarias de una vivienda de protección oficial.

Sin embargo, el drama no está viniendo por el tipo de las VPO, sino por la falta de financiación, provocando que muchas familias premiadas con una vivienda se encuentran en la tesitura de no poder acceder a ella por la imposibilidad de encontrar la financiación.

Esta falta de financiación proviene de la congelación de crédito ejercida por las entidades financieras para todos aquellos clientes de cuya solvencia no tiene garantía absoluta, y claro, las personas susceptibles de acceder a una Vivienda de Protección Oficial, no destacan, precisamente, por su solvencia financiera.

Este es un problema que el Gobierno debe de solucionar de alguna manera, de forma que el descenso del tipo de interés de las VPO no se vea empañado por la falta de acceso a las nuevas promociones de vivienda protegida, y acabe por lastrar el funcionamiento de un sistema efectivo y, pretendidamente, eficiente, pero que se está quedando en agua de borrajas.

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