Webhipotecas: Hipotecas baratas
11
nov

Aunque la crisis ha detenido el furor que estaban teniendo, la verdad es que las hipotecas segunda vivienda se han instalado en nuestras vidas y amenazan con permanecer en ella hasta el fin de los días, porque aquellos que pueden permitírselo no dudan en adquirir una segunda vivienda.

Sin embargo, hay algunas cuestiones que diferencian a esta hipoteca segunda vivienda de las tradicionales hipotecas de primera residencia. La primera y principal es el máximo de financiación, que si en las segundas no suele bajar del 80%, pudiendo en casos muy excepcionales, superar esta cantidad, en las primeras, en las hipotecas segunda vivienda, no suele superar el 60-65%.

Evidentemente, aquellas personas que se lanzan a la compra de una segunda residencia es porque tienen un capital ahorrado que les permite afrontar esa compra sin las estrecheces que siempre supone una primera vivienda, y, tenida más como un capricho que como una necesidad, el banco no está dispuesto a arriesgarse con una mayor financiación.

Por otro lado está el aspecto de la desgravación fiscal, ahora poco importante habida cuenta del fin de esta ventaja fiscal a partir de enero de 2011. Las hipotecas de segunda vivienda no disfrutan de la desgravación fiscal, lo que ha propiciado, en muchas ocasiones la picaresca.

Aquellas personas que ya tenían abonada su primera residencia en su totalidad, se empadronaban en el municipio de su segunda vivienda para poder desgravarse las cuotas de su hipoteca segunda vivienda, aunque siguieran residiendo en la misma residencia que antes.

La hipoteca segunda vivienda no está, y ahora menos, al alcance de todas las personas ya que se necesita un volumen importante de ingresos para poder hacer frente a este segundo gasto, y se suele incurrir en él sólo cuando la primera vivienda ya ha sido pagada en su totalidad.

No obstante, la crisis ha paralizado el concepto de la segunda residencia y el producto hipoteca segunda vivienda, lo que ha provocado la bancarrota de todas aquellas promotoras que se dedicaban a construir en las zonas costeras, lugares habituales para las segundas residencias, y que ahora se han convertido en cementerios de viviendas construidas pero sin ocupar.

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