Webhipotecas: Hipotecas baratas
25
nov

Aunque en estos momentos de crisis financiera han perdido algo de popularidad entre los clientes hipotecarios, es cierto que durante la burbuja inmobiliaria gozaron de gran seguimiento por todas aquellas personas que se encontraban en la tesitura de comprar una nueva vivienda, pero que todavía no habían sido capaces de deshacerse de la antigua. Se trata de las hipotecas puente o hipotecas cambio de casa.

La idea detrás de estas hipotecas es el permitir que un cliente con una vivienda en propiedad pueda obtener la financiación necesaria para adquirir una nueva vivienda y no tener que esperar a formalizar la venta de la vivienda antigua, agilizando así el proceso para el cliente, y garantizando mayores ingresos en forma de tipo de interés para la entidad financiera.

El problema con estas hipotecas puente o hipotecas cambio de casa aparece cuando el plazo fijado para la venta de la vivienda llega a su fin, en cuyo caso el cliente se ve con dos hipotecas a las que tener que hacer frente por lo que su situación financiera se hace insostenible.

Por tanto, antes de decantarse por esta opción el cliente debe de estar totalmente seguro de que su vivienda tiene cierto interés de mercado y que el precio que va a pedir por ella es adecuado y lo suficientemente apetecible como para atraer a los compradores. Si no es así la hipoteca puente o hipoteca cambio de casa será más perjudicial que beneficiosa.

El fundamento financiero de las hipotecas puente o hipotecas cambio de casa se basa en los períodos de carencia. Se formaliza una nueva hipoteca sobre la nueva vivienda con el valor de tasación de ésta más el capital que quedara pendiente de la antigua. Se cancela la hipoteca antigua y se establece un período de carencia de la hipoteca en la que sólo se pagan intereses.

De esta forma el cliente paga una cuota similar a la que pagaba anteriormente, y en el momento en el que la vivienda antigua se venda se aplica esa cantidad sobre la nueva hipoteca, quedando ésta por un capital normal. El problema surge, como decíamos antes, si la vivienda antigua no se acaba de vender, en cuyo caso la cuota que hay que pagar torna insostenible para el hipotecado.

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