Webhipotecas: Hipotecas baratas
21
abr

Si durante el año 2009 lanzábamos las campanas al vuelo, detectando que la crisis financiera y económica nos había regalado un aspecto positivo, como era la reducción de la deuda de las familias españolas, ahora resulta que el pasado año 2010 se produjo el efecto contrario, con un incremento de la deuda de las familias en un 1,1%.

En total, la deuda de las familias españolas se situó en 957.706 millones de euros, lo que supone más del 95% del PIB, es decir, que los hogares españoles deben casi tanto como lo que producen en totalidad, lo cuál genera un claro marco de incertidumbre en el futuro.

Sin embargo, esta incertidumbre debe de entenderse en términos relativos, ya que gran parte del factor de endeudamiento de las familias se debió a las hipotecas, y más en concreto, a las hipotecas que se contrataron como consecuencia de los cambios legislativos incorporados por el Gobierno durante el pasado año 2010.

Así, el incremento del IVA, pasando del 7% al 8%, y la eliminación de la desgravación fiscal para gran parte de las familias españolas, produjo un efecto anticipador, es decir, que muchas familias que tenían pensada la compra de una vivienda en el futuro, anticiparon esa compra a este pasado año 2010.

Ello provocó que la deuda de las familias españolas creciera por encima de lo que la realidad exigiría, y provocará, sin duda, que en este año 2011 haya menos deuda nueva, ya que las hipotecas que se debían de haber firmado en este año 2011, si la situación se hubiera mantenido invariable, ya se firmaron en el 2010.

Con estas cifras se demuestra como las previsiones siempre generan un poso de relatividad, ya que cualquier circunstancia que modifique las condiciones de análisis, como puede ser un cambio legislativo, provoca un cambio importante en el resultado final de la realidad.

En cualquier caso, nos encontramos con que la sociedad española sigue muy endeudada y sin visos de recuperación en este aspecto, lo cuál nos hace pensar en un alargamiento de la crisis actual durante, al menos, otro par de años, hasta que se empiece a diluir este apalancamiento financiero privado en forma de deuda hipotecaria.

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