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24
mar

La dación en pago está de plena actualidad, en un debate que muchas veces se ve tergiversado por culpa del acaloramiento y de la pasión que esta figura produce. Acaba de llegar a varios parlamentos y el Presidente del Gobierno ha respondido en sendas comparecencias públicas sobre su conveniencia, o no, por lo que vamos a realizar unas pequeñas reflexiones sobre ella.

1. La dación en pago, como es evidente, tiene la clara ventaja de que permite resolver una situación de embargo hipotecario con la entrega de la vivienda que sirvió como garantía en el momento de firma del contrato hipotecario, sin que el cliente mantenga, como sucede ahora, ninguna deuda con la entidad financiera.

2. En un entorno de normalidad, en el que los inmuebles mantienen o incrementan sus precios y en el que las ventas se realizan con cierta sencillez, la dación en pago es una figura no dolosa para nadie. Sin embargo, en un entorno como el actual, un entorno que se puede producir en cualquier momento, en el que los inmuebles bajan de precio y no se venden, con la dación en pago la entidad bancaria perdería mucho dinero ya que en caso de embargo recibiría un bien cuyo valor estaría por debajo de la deuda de su cliente.

3. Esta pérdida haría que las entidades se protegieran ante la dación en pago, y la forma de hacerlo es incrementando sus márgenes comerciales y reduciendo su riesgo. Para incrementar sus márgenes elevarían las comisiones aplicadas y el diferencial sobre el Euribor, y para reducir el riesgo concederían un menor capital, de forma que si en estos momentos estamos acostumbrados al 80% del valor de tasación (habiendo llegado a cifras superiores al 100% durante la burbuja inmobiliaria), tendríamos que replantearnos la situación y convivir con un máximo del 60%.

Por tanto, el debate sobre la dación en pago no es un debate inocuo, sino que tiene sus consecuencias, positivas y negativas, consecuencias que deben de ser valoradas y tenidas en cuenta, antes de tomar una posición a la ligera, o de defender una opción que puede no ser la más interesante para los intereses de quien la defiende.

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